La Audiencia Nacional condena a los exdirectivos de Afinsa por la estafa piramidal que dejó sin ahorros a sus clientes

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La Audiencia Nacional ha dictado sentencia condenando a los exdirectivos de Afinsa por la estafa piramidal que dejó sin sus ahorros a sus clientes.

La sentencia, condena a 11 de los 13 ex directivos de la empresa filatélica Afinsa enjuiciados, por delitos de estafa agravada, insolvencia punible, delito continuado de falseamiento de las cuentas anuales, blanqueo de capitales y delito contra la Hacienda Pública.

Por la gravedad del perjuicio masivo causado el tribunal aplica el tipo agravado de la estafa, imponiendo siete años de prisión.

El Tribunal considera probado que los acusados, desde comienzos de 1998, hasta el 9 de mayo de 2006, fecha de su intervención judicial, desarrollaron un negocio de captación masiva de dinero procedente de pequeños ahorradores. Eran pequeños ahorradores, procedentes de clases medias, que seguían los consejos de los activos agentes comerciales de la compañía, “profesionales sobreintegrados en la subcultura de la organización, hasta el punto de atraer y hacer caer a familiares, amigos, vecinos y conocidos en la red especulativa tejida por los administradores de aquella”.

La compañía se comprometía a recomprar las estampillas a sus clientes, entregándoles el dinero invertido más una rentabilidad siempre superior a la del mercado financiero. El beneficio, según garantizaba Afinsa en su publicidad, provenía de la constante revalorización de su filatelia. De esta forma, explica la Sala en su sentencia “los administradores de Afinsa lograron levantar un espacio económico cerrado con sus clientes, que denominaron mercado de valores filatélicos y que funcionaba de modo separado del mercado del coleccionismo, con precios muy superiores que fijaba la compañía”. Los clientes eran atraídos por la alta revalorización que ofrecían al dinero, “de ahí que siempre el inversor optara por revender la filatelia y recibir el capital más el interés pactado” que se abonaba periódicamente, según explican los jueces en su resolución. La sentencia relata que fueron dos de los acusados, uno como experto filatélico y coleccionista, los que idearon y perfilaron el negocio y fueron incorporando a los demás acusados, con una organización concentrada en el vértice, donde las grandes decisiones eran adoptadas por estos dos socios. Era una empresa con estructura familiar, donde no existía separación entre la propiedad y la administración.

Según la sentencia, Afinsa era un negocio inviable, puesto que carecía de sentido económico. La falta de valor de los lotes de sellos en el mercado exterior, “único donde el bien puede ganar liquidez, hacía ilusoria la idea de que soportaban económicamente la inversión del cliente”. La filatelia de Afinsa, según concluye el Tribunal, tenía un ínfimo valor en el mercado, muy inferior al precio de venta y recompra que figuraba en los contratos. Las estampillas no volvían al mercado.

En muchos casos eran de muy baja calidad y bajo precio, eran falsos o estaban manipulados, o tenían un ínfimo valor porque eran productos sin demanda (pruebas de imprenta, bocetos o propaganda)

Cuanto más crecía la actividad de Afinsa, mayores eran las pérdidas, lo que puede ser calificado como una estafa piramidal. El negocio se mantenía porque la estrategia de ventas funcionaba, gracias a una red comercial altamente retribuida y distribuida en 716 delegaciones que debía acreditar una producción mínima. Estos agentes comerciales conseguían reproducir la operativa, atrayendo a nuevos clientes que se incorporaban a los ya vinculados con Afinsa y cuyas aportaciones respondían a las deudas contraídas, como en una estructura piramidal. La financiación multiplicaba las deudas porque incrementaba los compromisos de futuro con los clientes y los gastos de funcionamiento, con base en la ficticia sobrevaloración de los sellos.

La práctica engañosa de la pirámide se acredita cuando el consumidor o usuario realiza una contraprestación a cambio de una compensación económica derivada fundamentalmente de la entrada de otros consumidores o usuarios en el plan, y no de la venta o suministro de bienes o servicios. El tribunal recuerda que en ese sistema piramidal, según la teoría económica, para cumplir con las obligaciones de los acreedores es preciso que otras personas aporten dinero por un producto que vale menos. Al final, todo sistema piramidal se viene abajo y fracasa porque el negocio lleva en su lógica interna su propio colapso.

El tribunal en su sentencia destaca que la esencia de la estrategia del engaño radica en un negocio ficticio, en donde Afinsa garantizaba la revalorización constante de los sellos, en una suerte de "relato imaginado, que solo inversores no informados y crédulos podían aceptar sin reserva”. El cliente invertía en la medida que se le prometía la devolución del capital incrementado, con un interés sin competencia. Pero el ponente, Ramón Saéz, en su sentencia entra en el concepto de “valor” para concluir que el sello solo adquiere valor económico en el proceso de intercambio, porque la producción y el cambio son creadores de valor, por lo que no se puede predicar del sello “un valor intrínseco”, sino que ese valor económico lo adquiere cuando acude al mercado, en la filatelia, en la subasta y en especial, cuando encuentra un comprador, algo que no ocurría en el negocio de Afinsa en tanto que era interno, cerrado y ficticio, donde los sellos se retiraban dela circulación.

La sentencia hace constar que la propia compañía no ha podido justificar esa repetida revalorización de los sellos. En documentos internos incautados, venían a reconocer ante coleccionistas o compradores no atrapados en su circuito, que los sellos no se revalorizaban, frente al producto que los acusados ofrecían como “valores filatélicos” cuya revalorización sí garantizaban.