ESPECIALIDADES TESTAMENTARIAS EN TIEMPOS DE CRISIS SANITARIA PROVOCADA POR EL COVID-19

ESPECIALIDADES TESTAMENTARIAS EN TIEMPOS DE CRISIS SANITARIA PROVOCADA POR EL COVID-19

 

Amador Tenorio RivasLa forma habitual y más recomendable de otorgar testamento, es la abierta notarial. En condiciones normales, los Notarios pueden desplazarse dentro de su localidad a domicilios particulares, hospitales o residencias en caso de que el ciudadano tenga dificultades para acercarse a la Notaría.

El presente enfoque se refiere a formas especiales o poco frecuentes de testamento, indicadas en estos tiempos de crisis sanitaria para situaciones excepcionales o extremas en las que el otorgante, bien porque padece serios problemas de salud, por estar hospitalizado, o por el aislamiento que imponen las medidas extraordinarias dictadas por el Gobierno, se ve en la necesidad de otorgar testamento y no puede contar con la presencia del Notario.

¿Qué es un testamento?

El artículo 667 del Código Civil define el testamento como el acto por el cual una persona dispone para después de su muerte de todos sus bienes o parte de ellos.

Se configura así como un acto o negocio jurídico “mortis causa” por el cual una persona, mediante declaración de última voluntad, dispone para después de su muerte de todo o parte de su patrimonio y realiza disposiciones de carácter no patrimonial, como puede ser el reconocimiento de un hijo.

Es además un acto voluntario, libre, sujeto a determinadas formalidades y esencialmente revocable, lo que permite modificar cuantas veces sea necesario las disposiciones de contenido patrimonial.

El testamento ofrece al otorgante grandes ventajas a la hora de ordenar la sucesión por causa de muerte. La expresión de su última voluntad, que ha de ser siempre respetada, permite al testador, con los límites impuestos por la ley, distribuir y dar a sus bienes y derechos el destino que estime más conveniente. Evita así que los efectos de su propia sucesión sean regulados exclusivamente por disposición de la ley, ajena a su voluntad, y no necesariamente coincidente con sus deseos.

Como consecuencia de la crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19, han cobrado protagonismo figuras testamentarias contempladas en nuestro Código Civil.

Hemos comprobado la utilidad del testamento ológrafo de los artículos 668 y ss.; constatado la conveniencia en circunstancias excepcionales del testamento otorgado por persona en peligro inminente de muerte del artículo 700; y rescatado un artículo considerado hasta ahora residual y propio de épocas pretéritas, me estoy refiriendo al 701, que regula el testamento abierto en caso de epidemia.

El testamento otorgado por persona en peligro de muerte del artículo 700 del Código Civil, permite que se pueda otorgar testamento sin intervención de Notario, ante cinco testigos. Se limita esta modalidad claramente excepcional, a los casos de extrema gravedad del testador, ya sea por riesgo inminente de fallecimiento o pérdida de sus facultades.

El testamento en caso de epidemia, es aplicable en la actual situación provocada por el Covid-19. Regulado en el artículo 701 del Código Civil, contempla en caso de epidemia la posibilidad de otorgar testamento sin intervención de Notario ante tres testigos. No exige el precepto que el testador esté en afectado en su salud, por lo que no es necesario que haya contagio por COVID-19.

Requisitos para su validez

En ambos casos, se trata de testamentos abiertos que exigen para su validez testigos idóneos. Se refieren a que, tal como indica el artículo 681 del Código Civil, deben entender el idioma del testador y tener el discernimiento necesario para desarrollar la labor testifical. No pueden ser testigos el cónyuge o los parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad del Notario autorizante y quienes tengan con éste relación de trabajo. En el testamento otorgado por persona en peligro inminente de muerte deben ser mayores de edad, mientras que en el testamento otorgado en caso de epidemia basta con que sean mayores de 16 años.

Estas dos situaciones extraordinarias, permiten otorgar testamento sin la intervención de Notario, lo que supone una clara excepción a la regla general de intervención notarial. Sin embargo, la escasa jurisprudencia disponible sobre estos testamentos excepcionales tiende a una interpretación restrictiva que exige justificar la imposibilidad de la intervención notarial, como se puede comprobar en la Sentencia núm. 675/2000, de 27 de junio, del Tribunal Supremo, o en la sentencia de la Audiencia Provincial de Almería 91/2000, de 11 de marzo, en la que no se otorgó validez a esta clase de testamento porque la causante, a pesar de hallarse en la U.C.I., tenía expectativas de que su salud mejorara y pudo solicitar la presencia de Notario.

Una vez otorgado el testamento cumpliendo con los anteriores requisitos de validez, se exigen para la eficacia tanto del testamento otorgado por persona en peligro de muerte como en caso de epidemia, con posterioridad, las formalidades de los artículos 703 y 704 del Código Civil. Por el carácter excepcional de estas dos clases de testamentos, el legislador limita su eficacia a un periodo de 2 meses desde que el testador haya salido del peligro de muerte o cesado la epidemia. Si el testador fallece quedará ineficaz el testamento si dentro de los 3 meses siguientes, no se acude al Notario competente a elevar el testamento a escritura pública y a su protocolización.

El poco frecuente testamento ológrafo, está regulado en los artículos 688 a 693 del Código Civil. Se requiere la mayoría de edad. Para su validez, deberá estar escrito todo él y firmado por el testador, de su puño y letra, con expresión de año, mes y día en que se otorgue. Deberá protocolizarse, presentándolo ante Notario en los cinco años siguientes al fallecimiento del testador. Su ventaja en el caso de personas enfermas capaces de escribir y firmar, consiste en que no es necesaria la presencia del Notario en el momento de otorgar testamento. Por otra parte, presenta inconvenientes, como su protocolización, posible pérdida del documento y la posible problemática derivada capacidad del testador en el momento de otorgar el testamento.

Legislación en España

En España no existe una única legislación civil aplicable a todo el Estado lo que afecta a la regulación de las sucesiones por causa de muerte. Debemos distinguir entre el Derecho civil común regulado por el Código Civil y otras leyes de aplicación general, y los derechos forales de Comunidades Autónomas como Galicia, Aragón, País Vasco, Cataluña, Navarra o Baleares. Por Derecho foral o especial, en España, se entiende el conjunto de ordenamientos jurídicos de derecho privado que se aplican en algunas Comunidades Autónomas, coexistiendo con el Código Civil común. La sujeción de una persona al derecho civil común o al especial o foral se determina por la vecindad civil, como dispone el artículo 14 del Código Civil.

El artículo artículo 149.1.8º, otorga al Estado competencia exclusiva sobre legislación civil, sin perjuicio de la conservación, modificación y desarrollo por las Comunidades Autónomas de los derechos civiles, forales o especiales, allí donde existan. En todo caso, las reglas relativas a la aplicación y eficacia de las normas jurídicas, relaciones jurídico-civiles relativas a las formas de matrimonio, ordenación de los registros e instrumentos públicos, bases de las obligaciones contractuales, normas para resolver los conflictos de leyes y determinación de las fuentes del derecho, con respeto, en este último caso, a las normas de derecho foral o especial.

La Ley 2/2006, de 14 de junio, de Derecho Civil de Galicia, dispone en su artículo 1 que: “En defecto de ley y costumbre gallegas, será́ de aplicación con carácter supletorio el derecho civil general del Estado, cuando no se oponga a los principios del ordenamiento jurídico gallego”. La ley gallega, que regula con extraordinaria precisión ciertas instituciones del derecho sucesorio, no contiene sin embargo disposiciones específicas relativas al testamento ológrafo ni a las dos citadas modalidades extraordinarias de testamento otorgado tanto por persona en peligro muerte, como en caso de epidemia, por lo que se impone la supletoriedad del Código Civil.

Artículo escrito por Amador Tenorio Rivas, abogado especialista en Derecho Sucesorio.

 

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