MADRES Y DERECHO

 

Sandra Hernanz Terrero Esta vez haré una carta abierta a mi madre y a todas las madres, esas personas, cuyo género, condición, estatus, trabajo o ideología, entre otras cuestiones, no importa, diré lo que sí importa de una madre:

Querida mamá;

Siempre te hiciste cargo de mi cuidado, estuvieras sola o acompañada como rezan los artículos 90 y siguientes del código civil. En ése cuidado incluiste dar todo, sin esperar nada a cambio, ser incondicional y entregada, y por ello, aunque siempre estaré en deuda contigo, debo darte cuando te hagas viejita y seas tú quien necesite de mí, estoy obligada a darte lo que el código civil denomina alimentos (artículo 142 del código civil), y que sería lo indispensable para el sustento, vestido, habitación y asistencia médica, qué poco pide el código, con todo lo que tú me has dado y enseñado.

También me enseñaste a ser como soy, me ayudaste a formarme como persona y como profesional, pues ya lo decía Kant “sólo a través de la educación puede el hombre, llegar a ser hombre” (artículo 154 C.C.), aunque a ti nunca te importó qué título tendría, sólo te importó que fuera y me convirtiera en una mujer feliz, plena y libre, también ahí te ceñiste a lo que regía en la declaración universal de los derechos humanos o la Convención de Derecho de los Niños. Lo conseguiste, soy feliz, en parte gracias a ti.

Nunca me faltó un plato de comida, hecho con todo el amor que sólo tú sabes hacerlo, y es que aunque se recoge en el artículo 143.2, no sólo alimentaste mi estómago también el resto de mi ser, me diste vestido, una habitación, asistencia médica, vamos que cumpliste de sobra el código civil y lo superaste con creces, pues no todo es sufragar el gasto, sino cuidar al enfermo, dar un abrazo o una palabra de aliento.

Siempre fuiste un sustento psicológico y emocional, un árbol en que apoyarse tras una larga caminata o fuente donde beber tras un día con demasiado esfuerzo y jamás te faltó por decir un “te quiero”, jamás. Me enseñaste que uno puede y debe caerse y levantarse, que el cielo no está tan lejos y que las estrellas se pueden bajar, que si uno quiere puede y que al final todo se consigue.

Pero hoy es tu día, tus derechos dónde quedan, cuáles son, porque tú, también los tienes, los mereces y los necesitas. Tienes derecho a una baja por maternidad, sea maternidad al uso, subrogada o adopción, porque todas son madres, porque madre, como decíamos antes es la que cuida y vela por sus pequeños, así que esta baja es de 16 semanas en España, también hay derecho a lactancia (que puede prorrogar la baja por maternidad o fraccionarse), puedes solicitar una reducción de jornada o incluso una excedencia hasta que el bebé cumpla 3 años, éstos son algunos de los derechos que te corresponden por ley. Pero nunca olvides que igual que tú a mí me enseñaste a ser feliz, tú, también tienes derecho y casi obligación a serlo conmigo y sin mí, pues aunque seas madre, también eres persona y tienes derecho a ser libre y buscar la felicidad a tu manera.

También me escuchaste, en tu caso me enseñaste a expresarme, jugaste y me dejaste jugar y disfrutar de mi infancia, dijiste que respetase y me hiciera respetar, que el respeto se gana, no se impone, eso, también me lo enseñaste, que debía integrarme y formar parte de la comunidad que yo quisiera, que era libre, que debía decidir. Parece que esto se ajusta mucho a los Derechos del Niño, si al final va a resultar que una madre es todas las profesiones en una.

Y créeme si te digo que siempre, debes estar satisfecha de lo que has hecho, pues la profesión de madre se parece un poco a la de abogado, “nunca trabajamos a resultado”, así pues mis errores, faltas o malas decisiones son mías, no tuyas, porque tú, aplicaste el buen trabajo, el resultado ya se verá.

Y para terminar decirte que eres (en general sois) maravillosa, que sabes hacer fácil lo difícil, sabes convertir en buenos los días malos y en maravillosos los que ya eran buenos, que siempre te voy a necesitar, aquí o desde el cielo y que tú nunca te irás del todo cuando faltes, porque en alguna parte de cada uno de nosotros está un trocito de su madre, esa persona que nos amó incondicionalmente, que está presente o ausente, pero que es en definitiva eso, alguien que deja huella, pero de las que no se borran.

Feliz día a todas y a ti, gracias por ser parte de mi día a día.

Artículo escrito por Sandra Hernanz Terrero, abogada especialista en Matrimonial y Derecho de Familia, Extranjería y Violencia de Género.

 

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